Edición Nº 8- Editorial

La calidad institucional y las lacras
EDUARDO VAN DER KOOY

El país enfrentará en octubre elecciones legislativas que apuntan a normalizar gradualmente un sistema político que en el 2001 entró en colapso. La votación es sólo un recurso de los muchos que existen para mejorar la pobre calidad institucional que posee la Argentina. Pero es la expresión más franca y soberana de una sociedad.
El Gobierno de Santa Fe ha hecho su aporte para intentar darle otra calidad a la democracia. La eliminación de la Ley de Lemas fue un avance hacia la transparencia y la supresión de factores distorsivos utilizados sólo en beneficio de una corporación política. Este mecanismo es además, con el tiempo, el que puede generar las condiciones de alternancia de poder tan necesarias en cualquier sistema que pretenda tener permanencia y equilibrio.
Aquel acierto, sin embargo, no podrá resolver por golpe de magia todos los graves problemas de convivencia y vigencia del estado de derecho que padece la provincia y también, por supuesto, Rosario.
La democracia no debe ser un sistema de vida solo para grupos de privilegiados. No hay democracia auténtica si ésta no se derrama desde la cima hasta el llano de la pirámide social. Vale para las administraciones centrales, provinciales, locales y para cada organización que involucre a grupos de personas.
Rosario vive, en ese sentido, un largo cercenamiento. Una de sus dos organizaciones deportivas más populares, el club Newell’s Old Boys, está siendo sometido desde hace más de una década a un régimen autoritario, discriminatorio, que silencia en forma sistemática la opinión de sus socios, muchos de los cuales han sido raleados de la institución.
El acallamiento tiene distintas formas. Desde la anulación de cualquier acto electoral hasta alarmantes recursos de intimidación propios de bandas mafiosas. En este número de Rosario Express se revelan e investigan también gravísimos episodios –entre ellos tres crímenes— ocurridos en torno a Newell’s nunca esclarecidos y perdidos en los meandros de la Justicia.
Un problema es, sin duda, Eduardo López, propietario de la conducción de facto del club. Pero no es el problema mayor. Resulta llamativo y oneroso para la calidad de cualquier democracia el comportamiento de funcionarios políticos y judiciales que no acatan las normas éticas y jurídicas inherentes al cumplimiento de sus funciones y que posibilitan el enquistamiento de grupos facciosos como los que padece Newell’s.
La democracia, en su sentido amplio, también debe prestar atención a esas anomalías. Santa Fe y la sociedad rosarina no se merecen convivir con esas lacras.


Obeid Y Lifschitz
OSCAR BERTONE

Obeid y Lifschitz no tienen concepciones ni ideas distantes. Su relación con el poder, más allá de las egolatrías lógicas de cualquier político, no está motorizada por la vanidad. No creen estar tan por encima de los mortales comunes y tienen respeto por la función pública; algo parecido a eso que se llama espíritu de servicio y voluntad de cambio. Llevan vidas austeras y no pretenden enriquecerse con el ejercicio de la función.
A diferencia de los que llegan a la política desde otros ámbitos (artistas, deportistas, gremialistas o empresarios enriquecidos con la obra pública), están más preocupados por el éxito de su gestión que por su imagen pública, y no tienen buena relación personal con gente de fortuna rápida. La concepción política del gobernador y del intendente es muy parecida a la que aprehendieron en la Universidad.
Por eso no deben tener una percepción distinta sobre algunos problemas estratégicos. Los dos saben que nadie le puede imponer al otro la solución para servicio del agua potable en Rosario,  ambos intuyen que la concesión del Puerto de Rosario está en problemas; conocen que hay una oportunidad para bajar drásticamente el déficit de viviendas en Rosario; saben que los medios de comunicación más importantes de la ciudad apañan a la corrupción política y operan para ella.
Las cuestiones estratégicas no se resuelven en los congresos, seminarios, simposios y debates públicos. Estas instancias sirven para  promover la participación de los especialistas, de los que tienen que conformar la masa crítica de apoyo, y de los que se interesan en los temas de interés común.
Pero las cuestiones estratégicas se resuelven en el ámbito político, y las resuelven los dirigente. Básicamente, los que han sido legitimados por la voluntad popular. Todo lo demás es secundario; importante, quizás imprescindible, pero no tan determinante a la hora de ejercer el poder.
Y es un pecado que, en una circunstancia tan favorable para la región, el sistema de acuerdos básicos para el ejercicio del poder esté quebrado. Porque en los intersticios de esa distancia que se generó entre la ciudad y la provincia los oportunistas del pasado han logrado otra vez un protagonismo paralizante.
El señor Oscar Barrionuevo, sindicalista especializado en depredación de empresas públicas, vuelve a aparecer con una propuesta de entrega de los servicios de agua potable a sus amigos del menemismo. El secretario de Recursos Hídricos, Alberto Joaquín, se desdice ahora de todo lo que dijo en su campaña a favor de la autonomía de Rosario. El ex gobernador Reutemann rompe el respetuoso silencio que le correspondería por la responsabilidad en la catástrofe hídrica sufrida por los santafesinos, y presenta junto al intendente de Rosario un proyecto para el sector de islas, irrespetuosamente plagiado a legisladores del radicalismo.
Durante la anterior gestión de Jorge Obeid, la buena relación entre provincia y municipio dio excelentes frutos, aún en momentos de apremios económicos. Una conjunción de ese tipo en estos momentos de relativa bonanza presupuestaria llevaría el crecimiento de la infraestructura de esta región a límites históricos.
Pero no, no hay consenso. Los mezquinos enfrentamientos típicos del año electoral, llevan a la provincia a situaciones de atraso casi tribales. Tres ejemplos:
Un intendente del conurbano  fue presionado groseramente por un destacado operador de la Gobernación para que no estudie un plan estratégico común con Rosario.
Desde el diario local, el aparato judicial del reutemismo amenaza con citar a Binner a declarar por hechos ocurridos hace varios años durante su gestión, en los mismos tribunales provinciales que nunca investigan nada.
Una supuesta buena noticia, como es la construcción de un gigantesco conglomerado de viviendas populares en el noreste de la ciudad, es vivido como una agresión a la ciudad, ya que ni las entidades intermedias profesionales fueron consultadas.
No existe una actividad tan trascendente para el ser humano como la política bien practicada. Eso lo saben tanto el gobernador como el intendente. La reaparición en la escena política de viejas figuras ligadas al fracaso santafesino es lo menos parecido a la evolución política.