Particularidades argentinas
EDUARDO VAN DER KOOY
No existen antecedentes en América Latina que a nueve meses de una elección presidencial no se conozcan los candidatos. Ni siquiera los partidos y alianzas. Apenas la intuición de que, bajo las condiciones políticas y económicas del presente, Cristina Fernández podría insistir con la reelección. Una insinuación, no una certeza.
La comparación con elecciones recientes en la región hace todavía más evidente esa rusticidad política, electoral e institucional de la Argentina. Un año antes de los comicios en Brasil había incertidumbre sobre el resultado final: pero esa incertidumbre rondaba a Dilma Roussef, la heredera de Lula, y José Serra, el gobernador de San Pablo. Los postulantes eran ellos.
En Colombia hubo que recurrir incluso a un ballotage para dilucidar al sucesor de álvaro Uribe. Pero mucho ante se supo que los contendores eran Juan Manuel Santos, ahora nuevo presidente, y el sorprendente ecologista Antanas Mockus. Otro tanto sucedió en Uruguay y Chile. José Mujica supo con mucha antelación que su adversario, a quien batió, sería el blanco Luis Lacalle. Los chilenos conocieron, pese a la tercerización de Marco Enriquez Ominami, que la pulseada final se daría entre Sebastián Piñera y Eduardo Frei, de la Concertación finalmente vencida.
En la Argentina, a ocho meses de votar, todas parecen conjeturas y suposiciones. Incluso aquellas en apariencia mas firmes, como las kirchneristas, no dejan de asombrar por su volatidad. Veamos: si Cristina fuera por la reelección su armado político, con base en grupos piqueteros, organizaciones de derechos humanos y sociales, podría calificarse como de centro izquierda. ¿Y si la Presidenta, por la razón que fuera, decidiera apartarse de la lucha? En ese caso, el kirchnerismo no tendría otro aspirante con chances que el gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli. ¿Representaría Scioli aquella misma construcción de Cristina? Imposible. La convergencia del gobernador sería en ese caso con el peronismo tradicional, el de los intendentes del conurbano, con acuerdos factibles que podrían envolver, incluso, a Mauricio Macri y Francisco De Narváez. Ese espectro podría definirse como de centro o centro-derecha. Pero podría ganar también en nombre del kirchnerismo. Fenómenos que sólo el tantas veces indescifrable peronismo es capaz de provocar.
El enigma en la oposición es todavía muchísimo más grande que el del peronismo-kirchnerismo. El único conglomerado que avanza, con sus pesadumbres a cuesta, es el radicalismo. Un partido que, casi de la nada, ha generado tres candidaturas: Ricardo Alfonsín, Julio Cobos y Ernesto Sanz. A Alfonsín lo catapultó la muerte de su padre y su revaloración como político y presidente. Cobos surgió durante el conflicto con el campo, desde su lugar de vicepresidente, como la contracara de los Kirchner. El senador Sanz terció luego de la muerte de Néstor Kirchner, como respuesta a la declinación que mostró la figura de Cobos.
Alfonsín y Sanz han decidido, además, intentar alterar los tiempos de campaña fijados por el Gobierno. Las internas a que convocaron para el 30 de abril producirán una aceleración en las definiciones de los restantes núcleos de la oposición.
De hecho, el peronismo disidente también se propone realizar una interna, antes de las obligatorias y simultáneas que el Gobierno fijó para agosto, pero que casi nadie sabe si se llegarán a realizar.
Cómo si ese manojo de incertidumbres fueran pocas, se añade otra. El sistema electoral argentino, definido por aquel pacto entre Carlos Menem y Raúl Alfonsín. Un sistema enrevesado que soslayó las experiencias mas conocidas en el mundo, donde siempre hace falta el 50% de los votos para triunfar. Aquí en cambio, si el primero llega al 40% y obtiene 10 puntos de ventaja sobre el segundo gana en la primera vuelta. Y si alcanza el 45% se impone también de modo directo aunque tenga un solo voto de ventaja. Mecanismo similar al de Ecuador y Nicaragua. Distinto al de Brasil, Chile, Perú, Colombia y Uruguay.
El año electoral
OSCAR BERTONE
Un oportuno comunicado de la Bolsa de Comercio de Rosario alejó los últimos fantasmas que se agitaban respecto de la posibilidad de que un fenómeno climático arruinara las cosechas.
“Estas lluvias recibidas pueden considerarse cruciales para la recarga de humedad en el suelo, principalmente para el cultivo de soja…”, aseveró la entidad, en base a un estudio de la Guía Estratégica para el Agro.
Los pronósticos sobre la marcha de la economía básica para este año no pueden ser mejores, aunque haya que tomarlos como lo que son: pronósticos.
“Un año que será recordado por lo excepcional para la producción ganadera, el crecimiento interanual en invernada es del 111,01 % y el crecimiento en cría es del 138, 2 %” señala la síntesis del tonificado Rosgan, un mercado poco proclive a los comentarios optimistas.
“Debemos dejar operar libremente los mercados y no entrometernos porque de esa manera los ajustes serán graduales y todos acompañaran los momentos en forma equitativa”, le indican al gobierno de acuerdo a su visión clásica.
Mientras, el Rofex, al tiempo que informaba sobre nuevos récords en sus operaciones, indicaba que para mayo “con entrega física, tanto en la condición fábrica como cámara, se superó la cotización de 360 dólares por tonelada de soja”.
Si se observa además la exitosa temporada turística y el aumento constante de la recaudación impositiva en todos los ámbitos, se puede prever otro año sin sobresaltos, con un crecimiento verificable. En un año electoral.
No será entonces la economía lo que incida fundamentalmente en las elecciones de este año. El kircherismo enfrentará por segunda vez una elección presidencial sin los fantasmas recesivos. Una economía en crecimiento siempre favorece a los oficialismos.
La ciudadanía santafesina deberá ir a votar este año en cuatro oportunidades por lo menos. Y si no hubiera definición en la primera vuelta de los comicios presidenciales sería convocada por quinta vez, entre octubre y diciembre.
La expectativa general tiene su correlato con las herramientas que preparan los principales dirigentes para convencer a los votantes. Se descuenta una nutrida agenda de inauguraciones, anuncios e iniciativas, sobre todo en los frentes más sensibles. Todos, nación, provincia y municipio se han guardado cortes de cinta importantes. No se trata de obras menores, y algunos anticipos (acueductos y autopistas) ya asomaron en el primer mes del año.
La cuestión de la vivienda seguramente ocupará un lugar destacado y el comportamiento de los gremios durante el proceso de las paritarias será seguido con atención por los votantes, así como los anuncios de inversiones propias y externas que consoliden el mercado laboral.
Los temas que tapizan las tapas de los diarios, como la inflación, la inseguridad y la inefable “calidad institucional” estarán episódicamente también en juego. Pero ni el oficialismo ni la oposición parecen capaces de seducir con propuestas consistentes sobre estas cuestiones.
De todos modos, sobrarán las instancias plebiscitarias. Otro país surgirá en octubre.