Edición Nº 59

Una peligrosa falta de confianza

EDUARDO VAN DER KOOY

La Argentina política parece deslizarse ahora sobre dos planos bien distintos. Hay un plano institucional que, a pesar de la derrota electoral del 28 de junio, continúa dominando el gobierno de Cristina y Néstor Kirchner. Hay un plano social, que se manifestó en aquella votación, que asoma descolocado y sin rumbo en estos meses de transición que llevarán al cambio parlamentario de diciembre.

Ambas realidades difícilmente puedan convivir sin dosis cotidianas elevadas de confrontación y conflicto. Aquel desacople condiciona, entonces, la política de la nación.

La existencia de esa dicotomía responde a una decisión que cupo sólo al Gobierno. El anticipo de las elecciones, que según el cronograma debían realizarse en octubre, generó este tránsito vacío de realismo político. Nadie reparó debidamente –tampoco el periodismo– sobre las consecuencias efectivas que tendría aquel anticipo. Se valoraron, también con razón, otras cuestiones: por caso, si resultaba atinada una larga campaña electoral en medio de una fuerte crisis económica, doméstica e internacional.

Los Kirchner están actuando, sin miramientos, apoyados en el poder popular obtenido en el 2005 (elecciones legislativas) y el 2007 (elección de Cristina). Pero parecieran estar soslayando el pronunciamiento de junio. Da la impresión de que actuaran, demasiadas veces, como si nada hubiera sucedido. Apelan además con recurrencia a interpretaciones rebuscadas. Resulta tan válido afirmar que el oficialismo fue en aquella votación la primera minoría ajustada pero indiscutida (31% de los sufragios) como apuntar, acudiendo a un cristal diferente, que el 69% de los argentinos se inclinó por propuestas o candidatos que no tuvieron nada que ver con el Gobierno.

Tampoco el conflicto pareciera reducirse sólo a las opiniones antagónicas. El desacople político que padece la Argentina tiene traducción en cifras: el kirchnerismo hace valer ahora en el Congreso una mayoría que ha sido vetada en la última elección. Posee 110 diputados y 21 aliados firmes, que desde diciembre mutarán a 97 propios y 17 aliados. Hace prevalecer en el Senado sus 36 legisladores que caerán a 32 a fin de año. En ambas Cámaras, a priori, carecerá del número, incluso, para imponer el quórum.

¿Por qué razón los Kirchner pueden actuar con desenvoltura política a pesar de haber perdido la elección? Porque tendrían, a priori, mayor vocación de poder que sus adversarios internos en el peronismo y que sus contrincantes de la oposición. Con esa sola voluntad han redoblado apuestas que ni siquiera habían insinuado en épocas de auge. Algunas: la política agropecuaria, la presión fiscal sobre las provincias, la nueva Ley de Medios, el sistema electoral.

El avance de los Kirchner también resulta posible gracias a la insolvencia de una oposición que ha mostrado, luego de la victoria, una enorme torpeza para sacarle algún rédito. Esa victoria no le ha servido para empezar siquiera a cautivar a la sociedad.

Frente a ese panorama, la Argentina no afronta con expectativas y esperanzas su camino hacia el 2011. Hay una oposición que no sabe ganarse la confianza de una sociedad, la misma que, en junio pasado, pareció retirarle esa confianza al gobierno de los Kirchner.

Binner, los medios y la penuria económica

OSCAR BERTONE

Hermes Binner tira algunos apuntes sobre el proyecto de ley de radiodifusión que abrió una polémica abismal en el país.

“La discusión de la ley debe ser lo suficientemente amplia y contemplar al interior del país, no con asambleas populares sino con audiencias públicas...

“Es riesgoso sumar a las telefónicas a la propiedad de medios masivos de comunicación...

“El organismo de aplicación para el otorgamiento de licencias y control del cumplimiento de la ley, debe ser federal y no centralizado...”

Son conceptos que lo acercan a las ideas de la oposición que más prensa acumula en los medios importantes. Pero después quiere dejar claro un concepto que no parece compartir con los otros opositores.

- Tengamos cuidado: no se le puede quitar a este Congreso la autoridad legal que tiene para discutir una norma-, afirma.

En ese punto toma distancia de quienes en la práctica proponen la virtual paralización de legislativas hasta que asuman los nuevos diputados y senadores.

Esquiva como puede las presiones mediáticas, fuertes, de todo tipo y color, a veces groseras, para que acompañe a Julio Cobos en una presunta fórmula electoral opositora. No cree que sea tiempo para esas definiciones. Considera que hizo lo suficiente como para que le saquen esa presión de encima.

Reconoce que la deserción de María del Carmen Alarcón lo sorprendió. Y a pesar de que le sigue reconociendo a su ex secretaria el cumplimiento de las tareas requeridas, no cree que su desembarco en el gobierno nacional sirva para transformar sustancialmente la relación entre el campo y el gobierno nacional.

- El conflicto no se remite a bajar las retenciones del trigo y del maíz; el problema es cómo reubicamos al campo dentro de la política productiva nacional con una idea propositiva-, advierte.

Está más preocupado por los números de la provincia que por cualquier otra cosa. No alberga expectativas de que el Estado federal afloje fondos, y recuerda que para Santa Fe el tema está judicializado. Lo esperanza más el Poder Judicial que el Ejecutivo.

- A lo mejor un juez, un día de estos, nos da la razón- , aventura.

Cita un ejemplo como para suponer que los estrados judiciales le pueden dar pie, alguna vez, a las demandas santafesinas.

En el último año, la nación le descontó a la provincia unos $ 2.150 millones como tributo a la ANSeS. La cifra representa un 15% del presupuesto total de la provincia, a la que le falta plata. Y va a parar a la ANSeS, donde sobran recursos.

¿Con qué argumentos pretende el gobierno provincial convencer a los jueces?

Cuando se privatizó el sistema jubilatorio, el sector estatal quedó con muchos beneficiarios y pocos aportantes. En aquel momento, la provincia (Reutemann /Mercier mediante) aceptó reforzar el sistema nacional. Internamente bajó los sueldos a los jubilados provinciales, congeló los de los empleados, bajó la coparticipación a municipios y comunas, y evitó así la emisión de cuasi monedas, mecanismo que utilizaron algunas provincias.

Aquel pacto venció, y el gobernador siguiente, Jorge Obeid, jamás lo renovó, por lo que hoy está en zona gris, discutible jurídicamente. Como el sistema jubilatorio se reestatizó, no parece lógico que la provincia siga aportando a un ente superavitario como la ANSeS.

¿Es Binner un político ingenuo, que supone que la vía legal puede suplantar un interés político? Algunos suponen que sí; él insiste en manejarse por las vías institucionales.

Todo sucede mientras los recursos adelgazan día a día, la reactivación produce sólo destellos, y el fin de año amenazante se acerca con su carga de obligaciones extraordinarias.

Lo que viene determinará, no en los títulos de los diarios, sino en la relación con los santafesinos, la estatura política de un gobierno que se salió del libreto ortodoxo provincial luego de 24 años de democracia.