Edición Nº 58

Los primeros pasos de la transición

EDUARDO VAN DER KOOY

La Argentina pareciera navegar entre dos aguas desde que concluyó la pelea electoral. Esa pelea dictaminó la derrota de Cristina y Néstor Kirchner al mismo tiempo que consagró una victoria imprecisa de la oposición. Quizás por esa misma razón no exista todavía ningún vuelco drástico en la relación de fuerza entre aquellos que gobiernan y quienes pugnan por abordar el poder en el 2011.

Una síntesis de la realidad podría señalar que el gobierno de los Kirchner ha quedado claramente limitado después de la derrota. Pero también que los triunfadores, por múltiples razones, no estarían en condiciones de sacar rédito político del adversario disminuido. Hay a la vista, entonces, una transición diferente a otras que conoció el país desde la reconquista de la democracia en 1983. Se sabe que perdieron los Kirchner; no se sabe bien cuál fue la oposición que ganó.

Cuando Raúl Alfonsín resultó vencido en las legislativas de 1987, asomó claramente el peronismo, que terminó catapultando como alternativa a Carlos Menem. Cuando el ex presidente sucumbió en 1997, ya se perfilaba la alianza entre los disidentes del PJ (el Frepaso) y el radicalismo de Fernando de la Rúa. El derrumbe del gobierno de la Alianza no resiste ninguna analogía de la historia.

¿Será el propio peronismo el que pueda suceder a los Kirchner? ¿Ha resignado el matrimonio presidencial toda posibilidad de prolongar su proyecto? ¿Ha resignado, incluso, la chance de incidir en la sucesión? ¿Podrá consolidarse Mauricio Macri como variante al peronismo? ¿O será el 2011 el turno de Julio Cobos, del radicalismo y de Hermes Binner? ¿Qué ocurrirá con Elisa Carrió?

El futuro político de la Argentina asoma atrapado ahora en ese enjambre de incertidumbres. Los Kirchner, aún en su mala hora, cuentan con una dosis de fortuna. Las elecciones de junio no arrojaron ningún ganador peronista nítido, de talla, que esté en condiciones de desplazar al ex presidente del primer plano partidario. La excepción es Carlos Reutemann, pero el senador y ex gobernador de Santa Fe prefiere no salir todavía abiertamente al ruedo.

Aquella liga de gobernadores que condicionó en su época a Eduardo Duhalde –durante el gobierno de emergencia– tampoco sería sencilla de reeditar. El eje político imaginario construido por Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos para enfrentar a los Kirchner, se ha debilitado. Las derrotas de Juan Schiaretti, el gobernador cordobés, y de Jorge Busti, la cabeza del PJ entrerriano, fueron golpes duros. José Luis Gioja, de San Juan, Juan Manuel Urtubey, de Salta, y Jorge Capitanich, de Chaco, ganaron sus provincias pero parecen priorizar la estabilidad de la transición a un enfrentamiento con los Kirchner. Entre otras razones, porque dependen de los aportes financieros de la Nación, al igual que Daniel Scioli. Mario Das Neves aparece como el más fogoso adversario de los Kirchner, pero Chubut está aún distante y solitaria en el PJ.

La imposibilidad objetiva del peronismo para postrar a los Kirchner es, en algún sentido, parecida a la que evidencia la oposición. Ni Unión Pro (Macri más el PJ disidente), ni el Acuerdo Cívico y Social (UCR, socialistas y Coalición), son fuerzas cohesionadas y que alcancen a infundir confianza. Las expectativas políticas giran, en esos territorios, un poco alrededor de Macri y bastante más en torno a Julio Cobos.

Los únicos límites pos electorales al Gobierno no fueron trazados por esa oposición sino por el mismo adversario con el cual viene lidiando hace 16 meses: el campo. Al compás de sus demandas, la oposición parece haber recobrado algún sentido político, a través del Congreso, perdido desde la noche de la victoria.

Sobre esa realidad ambigua, boyante, los Kirchner han ensayado una variación de estilo. De su habitual actitud avasallante pasaron a un comportamiento más conciliador, tratando sobre todo que la oposición no logre articularse. Así podrían entenderse la mayoría de sus gestos, entre ellos el llamado a distintos ámbitos de diálogo.

Todos aquellos, en el Gobierno y la oposición, parecen simples modos políticos de una nueva etapa difícil de descifrar, donde el poder no termina de coagularse en ninguna parte.

La economía, el Niño y la Niña

OSCAR BERTONE

Quizás no vuelvan rápidamente aquellos números con los que cerró el 2007. Pero las perspectivas económicas ya no son tan malas como las que se auguraban a comienzos del 2009.

General Motors, por cuya continuidad en la región se temió hace unos meses, empezó a retomar personal. Molinos construye nuevas celdas, Profértil y Nidera instalarán nuevos puertos en la zona, el casino de Rosario incorpora numeroso personal, la construcción empezó a retomar cierto impulso, el gigantesco grupo italiano Beltrame instala en Villa Constitución una planta siderúrgica para laminar chapas de acero para embarcaciones, el consumo parece repuntar, y los automóviles nuevos se empezaron a vender otra vez.

Son datos que pueden parecer aislados y hasta caprichosos, pero leídos todos juntos no reflejan precisamente un panorama de recesión que se expande. Los climatólogos pronostican además otro hecho que impactaría fuertemente sobre la economía argentina: hacia setiembre, el fenómeno de “La niña”, responsable de la más devastadora sequía en décadas, empieza a dejar lugar a “El niño” con su secuela de tiempos más húmedos y favorables para las cosechas, por lo menos durante un año y medio hacia delante.

Como sea, y sin desconocer el daño que sobre las finanzas públicas y privadas dejó la crisis internacional, el Apocalipsis anunciado no llegó, aunque las dificultades que se hicieron sentir en el último año no se pueden, ni se deben, negar.

Y estos indicios de cierto repunte, difícilmente puedan entregarle a la oposición política argumentos sólidos como para plantarse como una alternativa de gobierno desde un programa económico alternativo que no aparece delineado.

Sólo algunas increíbles decisiones oficiales pueden darle visibilidad temporaria a quienes quieren torcer drásticamente el rumbo de sostén del mercado interno como motor principal de los negocios. Verbigracia: el despropósito tarifario en torno al costo del gas natural domiciliario.

Pero si se acomodan las negociaciones por los compromisos externos, como parece ser voluntad de gobierno, se desvanecerá de a poco el escenario de una convulsión violenta como las que periódicamente vivió la Argentina. Dicho de otro modo: puede haber un hartazgo político respecto de una manera de conducir las cosas, pero no una urgencia de cambio, que dé pie a una desestabilización tumultuosa del gobierno.

Si esto es así, el diálogo político podría ser la herramienta adecuada para una transición pacífica hacia otros modos, estilos y hasta cambios de orientaciones, sin necesidad de pegar esos golpes de timón violentos que producen virajes que arrojan pasajeros por la borda.

Pero para que el diálogo sirva, la disposición debe ser mutua. Eso predica, por ahora, en el ámbito provincial, Hermes Binner, que aprovechó el clima positivo de la convocatoria nacional para sentar a legisladores propios y extraños con la idea de transitar los próximos meses un desfiladero complicado, con finanzas públicas que se evaporan por un lado y un plan de obras públicas muy ambicioso por el otro.

Algo deberá ceder. Insiste con la reforma de la Constitución Provincial, pero empieza a resignarse a que quizás no pueda eliminar al Senado, fuente de la resistencia caudillista regional y de las seculares trabas legislativas de cualquier acción de gobierno. En el camino deberá firmar irrevocablemente su resignación a la reelección, pero podrá introducir alguna referencia constitucional a la descentralización del territorio en cinco distritos, y dejar su sello institucional para la historia.

También supone que todo tendrá un costo, por eso parece dispuesto a bajar los decibeles del enfrentamiento con Carlos Reutemann, que alcanzó peligrosos volúmenes durante la campaña electoral legislativa. Sabe que no le fue muy bien en esos comicios, pero advirtió, pocas semanas después, que en las primarias internas obligatorias el peronismo tampoco pudo retener en la ciudad Capital el caudal que creía tener a su disposición para cualquier fin.

Seguirá insistiendo con el diálogo. Aunque el ex corredor haya faltado a la primera cita, el gobernador consiguió armar una reunión masiva con diputados y senadores nacionales de todos los partidos. Quizás el más “prolijo” de los visitantes que acudieron haya sido Jorge Obeid, que llevó una carpeta con proyectos fruto de su actividad legislativa de los últimos dos años. La reunión fue distendida y la ausencia de Reutemann le quitó dramatismo. Todos parecían políticos trabajando en lo suyo.

Como comienzo no fue malo. Sobre todo porque los meses que vienen van a poner a prueba la capacidad de gobernar con cada vez menos recursos. El futuro podría ser quizás más desahogado, pero el presente no perdona. Y poco tiene que ver con los sueños que se diseñaron allá, en tiempos del lejano 2007, de superávits ficticios y margen para los anuncios de tapa.