El tiempo de Obama y los Kirchner
EDUARDO VAN DER KOOY
La poltica argentina, casi como una fatalidad, nunca consigue escaparle a las desmesuras. La asunción de Barack Obama como nuevo presidente de los Estados Unidos abre una discusión tan rica como todava incierta sobre las nuevas posibilidades de la región y, por ende, las oportunidades que se le abriran también a la Argentina. Pero la dirigencia poltica local y la mayora de los medios de comunicación prefirieron enfrascarse en cuestionar o exaltar la presencia de Cristina Fernández en Cuba y Venezuela y en exhibir la formidable esperanza popular norteamericana y el discurso inaugural del lder demócrata como bienes definitivos e irrebatibles.
Para no reiterar aquel vicio argentino se podran tirar un par de conclusiones. La presencia de la Presidenta en La Habana y Caracas, al mismo tiempo que asuma Obama, fue polticamente inoportuna. Tal vez, una pobre evaluación de la diplomacia cuando Cristina debió postegar el viaje para esa fecha por motivos de salud. El error, de ninguna manera, condiciona la chance de mejorar el vnculo con Washington.
El discurso de Obama recordó en varios tramos, por su sesgo distintivo, al que pronunció John Fitzgerald Kennedy cuando le tocó asumir en la década del 60. El recambio del mando en la Casa Blanca tuvo perfiles cvicos e institucionales envidiables como la confraternidad de Obama con los ex presidentes. También conmovió la participación social. Son atributos de un modelo de nación consolidada. Pero se trata de la misma nación que apuntaló dos perodos de George Bush que no sólo concluyeron con la crisis financiera y económica más grande desde la gran depresión de los ´30: impulsó además dos guerras –Afganistan e Irak— que causaron cientos de miles de muertos. También norteamericanos.
Lo más importante, al margen de esas disgreciones, es el tiempo poltico que despunta en el mundo. Y la porción que de ese tiempo podra corresponderle a América Latina. Primera aproximación al futuro: a Obama podra ocurrirle, en ese sentido, lo que le sucedió a Bush. La poltica de seguridad obsesionó al ex mandatario republicano. La crisis económica, de dimensiones colosales, probablemente consuma el primer y largo tramo de Obama en el poder.
Estados Unidos, debido a esa crisis, no dispondrá de dinero para América Latina. Colombia no tendrá el millonario aporte en seguridad que le brindó Bush y dejarán de proliferar los Tratados de Libre Comercio que impulsó la gestión republicana en la zona. La clave estará, entonces, en la confiabilidad poltica que Obama necesitará en la región mientras ordena la descalabrada situación económica y social de su pas.
Brasil sobresale en ese papel. No por casualidad Lula da Silva fue el primer presidente del Cono Sur que recibió un llamado y tuvo una conversación con Obama. Brasil representa por PBI, población y territorio la mitad de los doce pases del Cono Sur. En los últimos años, además, dio saltos cualitativos. Brasil se empieza a proyectar como un pas con excedente petrolero en un mundo en el que la energa tiene cada vez mayor valor. Brasil ha ganado un notable protagonismo internacional: impactó su papel mediador en el conflicto entre Israel y el grupo palestino Hamas.
A través de Brasil pasará la próxima relación global de EE.UU. con el Cono Sur. La Argentina de los Kirchner tiene un cuidado vnculo con Lula, quizás el más cuidado amén de Hugo Chávez y del socialista español José Luis Rodrguez Zapatero.
La realidad indicara que la Argentina debera atesorar su vnculo con Brasil, sin caer en las tentaciones de sobreactuar la relación con Caracas para pretender alzarla como dique a la creciente influencia brasileña. Eso no significa desentenderse de Chávez como tampoco de Cuba: Obama ha manifestado también la intención de flexibilizar ambas situaciones.
La sociedad de la Argentina con Brasil, sin resignar ninguno de sus intereses legtimos, repondra quizás a nuestro pas en el lugar que le corresponde y que ha perdido últimamente en la región. Y alejara la sombra de Chile.
Se tratara de una nueva y clara oportunidad que se les presenta a los Kirchner en materia de poltica exterior. ¿Sabrán aprovecharla esta vez?.
La sequa, la crisis y el clima poltico
OSCAR BERTONE
Mal que les pese a los deterministas, lo que pase en el 2009 en nuestro pas y en la provincia estará signado más por las relaciones entre los actores polticos, que por los efectos de la crisis económica global, inconmensurable, temible… pero superable, como toda crisis. Tan superable como la devastadora sequa que asuela a un sector del campo argentino, que no es ni inédita ni la más grave de la historia.
La fascinación que produjo en la clase media argentina la transmisión por televisión del cambio de mando presidencial en EE.UU. contrasta con la poca disposición de ese mismo sector social a comportarse como imagina que se va a manejar el pueblo norteamericano de aqu en más.
El discurso de Barack Obama, su aparición junto al ex presidente George Bush como demostración de continuidad institucional, y un mensaje de voluntad colectiva para enfrentar las dificultades que se trasuntó en el show televisivo, produjeron un encantamiento y, como es costumbre en nuestro pas, remitieron inmediatamente a la comparación.
En los últimos años ha resurgido entre los argentinos la mana de ver sólo los aspectos positivos de la realidad en otros pases, al tiempo que se señalan sin atenuantes las moras y los males considerados congénitos, insalvables, de nuestra cultura.
Y si bien causan envidia la estabilidad institucional chilena, la pujanza productiva brasileña, o el sentido práctico de los uruguayos, no es menos real que sólo en Argentina la discusión por la distribución del ingreso y la inclusión tienen en la agenda poltica, aunque sea a nivel declamativo, la importancia que se merecen.
No somos amnésicos, y nos mortifica la imagen de aquel pas que en algún momento fue lder en Latinoamérica en movilidad social, en desarrollo tecnológico y cientfico, en educación y en salud pública, entre otros indicadores que nos destacaban.
Las ssmicas crisis polticas de las últimas décadas han deteriorado hasta tal punto nuestra autoestima que hoy ya no tenemos ni siquiera anclajes mnimos de estadsticas confiables para saber qué lugar ocupamos.
La cuestión no es tanto cómo se refleja nuestro pas en el mundo (una endémica e inútil obsesión de la clase media "ilustrada" argentina), sino lo mal que nos vemos nosotros mismos, las relaciones de desconfianza ntima con que se manejan los actores polticos, la agresividad con que se enfrentan, y la manera en que se atribuyen mutuamente responsabilidades de nuestro hipotético desastre. En suma, aquellas cosas que impiden asumir con algún consenso cualquier iniciativa de esas que se llaman "polticas de Estado".
Y efectivamente, estamos frente a un desequilibrio económico mundial que no por haber sido pronosticado por los economistas sensatos -los que tienen menos prensa y glamour-, deja de generar malignas incertidumbres.
No es raro que quienes no quisieron escuchar aquellas advertencias hoy sigan empecinados en agitar consignas que hace seis meses tenan la racionalidad soportada en el imaginario ficticio de la ley absoluta del mercado.
¿Puede la Argentina, sin un cambio de clima poltico, atenuar los efectos de una conmoción que está generando pánico en pases más sólidos que el nuestro? En los mismos términos: ¿Puede la provincia de Santa Fe seguir creciendo si no consigue modificar la relación entre sus dirigentes más notables, sobre todo cuando tienen diagnósticos de situación similares? Y la ciudad de Rosario… ¿puede retomar el optimismo de meses ha?
No son tiempos para rencores pequeños, sobre todo porque la crisis global terminó dándole la razón a los que siempre creyeron en el papel moderador del Estado, en las polticas activas, en la inclusión como condición previa para el crecimiento sostenido.
No se entiende que Hermes Binner y Agustn Rossi, formados polticamente en la ciudad que los adoptó y les permitió conseguir el lugar de poder que ocupan, no puedan tomar un café aunque era para hablar de cuestiones de Estado. Tampoco tiene sentido que se inaugure una obra pública simbólica como la peatonal de Rosario y el ex intendente Héctor Cavallero sea prolijamente "desinvitado" para asistir.
Se supone que todos se foguearon en trincheras vecinas, nunca renegaron de la poltica, y llegan a su madurez como dirigentes con un inédito escenario de oportunidad para dar vuelta la historia.
Todo marcha por el camino de la irracionalidad ideológica, cuya máxima y patética representación es el enfrentamiento entre Elisa Carrió y Néstor Kirchner, transformados en enemigos personales, hundidos en una espiral dialéctica que no tiene retorno.
En ese marco, las disquisiciones sobre cuánto va a valer la tonelada de soja en el 2009, sobre si conviene aplicar fondos del Estado para bajar tasas de créditos para empresas o para fomentar el consumo, o sobre el precio del dólar futuro, parecen pamplinas. Ni la devastadora sequa puede causar tanto daño como el clima de exasperación poltica que se vive en la Argentina, en todos sus niveles de conducción.
Dicho en palabras más crudas: ¿Qué otra lectura tendría la hipotética reaparición de Carlos Reutemann en el escenario santafesino, más que la advertencia del posible fracaso de toda una generación que tardó años en formarse políticamente?
Permítaseme esa lectura de la fascinación que causó el show montado desde Estados Unidosís que, herido como pocas veces en su historia, al menos por unas horas, supo vender autoestima y confianza.