Edición Nº 51

Entre los desafíos y las incógnitas

EDUARDO VAN DER KOOY

Resulta casi ineludible no navegar las aguas de un lugar común, pero la fuerza de la realidad parece determinarlo: Argentina se asoma a un año diferente y crucial. Se repitió cientos de veces durante estos 25 años de democracia, incluso cuando la nación se debatía en las interminables y sangrientas pulseadas entre civiles y militares.

Algunas veces aquellos pronósticos tuvieron correlato con los hechos. Otras parecieron destinados a otros planetas. Basta con repasar el último año de la Argentina: se construyó un escenario hipotético acerca de lo que podía suceder en el inicio con el flamante gobierno de Cristina Fernández. Sucedió de todo –desde ya el conflicto con el campo—, menos lo previsto. Una administración que nació poderosa está flaqueando.

Por esa misma razón, antes que aventurar pronósticos en un país altamente imprevisible convendría detenerse en los desafíos que están golpeando la puerta de ese país. Desafíos económicos, políticos e institucionales. Es la promesa del 2009 que echó a andar.

La economía no se circunscribe esta vez sólo al plano local. No existe todavía certeza de la dimensión final que tendrá la crisis financiera e internacional que se abatió en el 2008 sobre el mundo. No hay noción acerca de si esa crisis que despuntó en Estados Unidos no terminará desplazando el eje de las relaciones internacionales que desde la caída del muro de Berlín tuvo como una referencia excluyente a Washington.

El surgimiento de Barack Obama permite suponer que Estados Unidos podría reconstruir un liderazgo mundial indiscutido que los años imperdonables de George Bush hicieron añicos. Al acecho están los gigantes asiáticos, China e India. En una condición similar emerge Rusia, con la conducción mundial más consolidada y controvertida del último año, la de Vladimir Putin.

La Argentina no puede ser sino espectadora de ese juego de poderes. Pero no será menor la consecuencia según sea la destreza política con que acompañe el nuevo ciclo que se abre en Estados Unidos, sin descuidar los mercados asiáticos que le han sido siempre favorables.

El Gobierno de Cristina y de Kirchner tiene, en ese aspecto, cuentas pendientes. El ordenamiento de esas cuentas, aunque necesario, no evitará las secuelas económicas que afrontará en el 2009 nuestro país. Después de cinco años de crecimiento económico extraordinario, se aproxima un tiempo de sequía. Los augurios de los especialistas son, con matices, coincidentes: el PBI podrá este año estancarse, o, bajo una percepción optimista, crecer apenas un 2%. En cualquier caso, habrá baja de producción, destrucción de riqueza y caída del empleo.

Aunque de modo perezoso, el Gobierno de Cristina lanzó una batería de medidas económicas, algunas improvisadas, otras nO. Será trascendente para los Kirchner el encarrilamiento de la economía en los primeros meses de un año electoral, donde quedará sellado el destino del proyecto matrimonial.

Las elecciones son el otro hito del año. No se puede hacer un pronóstico categórica dado el mal humor social y la fragmentación política opositora. Pero la foto de hoy indica que Cristina y Kirchner, con el empuje de la maquinaria peronista, podrían considerarse propietarios de un tercio electoral. Otros dos tercios parecen estar en tierra de nadie, y fluctuarán según múltiples factores, sobre todo el económico.

Sobre esos dos tercios afinca sus posibilidades la oposición, que insinúa, para el futuro institucional de la Argentina, una señal peligrosa: su posible unión estaría más acicateada por el espanto al kirchnerismo que por convicciones comunes. Un fenómeno que ya conoció la nación, y que terminó por engendrar a la Alianza anti Menem.

Al matrimonio Kirchner le caben las mayores responsabilidades. Gobernar tiempos adversos, afrontar dignamente una elección y seguir con el timón del país, en el triunfo o en la derrota, hasta el 2011. Pero la oposición afronta otra responsabilidad mayúscula: demostrar si es capaz de concebir y ejecutar un proyecto alternativo al kirchnerista. Si es capaz de ser sustituto eficiente del peronismo en el poder para darle el equilibrio definitivo a una democracia que no lo tiene.

Falta para el tiempo político

OSCAR BERTONE

Son unos 13.000 los puestos de trabajo de la industria santafesina amenazados por la crisis. El número se desprende de una proyección del Ministerio provincial del área y se basa en los procedimientos de crisis pedidos por algunas empresas que avisan que tienen inconvenientes con la colocación de su producción.

Las discusiones teóricas se terminan a fines de enero, cuando la mayoría de estos trabajadores deban retomar sus empleos, conservados precariamente gracias a adelantos de vacaciones y pagos de sueldos mínimos.

El "sit and wait" empresarial, propugnado por las probables consecuencias que se derivan de las noticias escalofriantes provenientes de los centros financieros mundiales, termina para estos sectores a fin de mes. Allí aparecerán los datos de la cosecha sembrada, de la disposición de los productores para renovar equipamiento y de los precios internacionales.



La política se apresura

Y los costos políticos de una crisis de ese tipo, si se produce, serán repartidos en proporciones que nadie puede vaticinar. Por esa razón y otras, las especulaciones en torno a la reaparición de Carlos Reutemann, las chicanas y los comunicados cruzados, no alcanzan ni a levantar polvo. El año político no empezó todavía.

Ni el habitualmente lacónico Hermes Binner se pudo sustraer a la vertiginosa sucesión de declaraciones que adelantaron imprudentemente el año político.

Las elecciones legislativas serán en octubre y así lo entiende cualquier ciudadano; nadie presta atención a las diatribas que se cruzan constantemente entre los dirigentes, salvo algunas que hagan referencia a problemas del hoy, o a la crisis global que ningún protagonista alcanza a definir con precisión.

Una norma no escrita que se cumple casi siempre, dice que los gobiernos que deben enfrentar crisis extremas; más allá de cómo se manejen, pagan electoralmente los costos, aun en aquellos casos en que no hayan tenido responsabilidad directa en el origen del desastre.

Ejemplos sobran. Alfonsín fue la víctima propiciatoria de la década perdida del ‘80, cuando las economías latinoamericanas sufrieron, al compás de la crisis global de la deuda de los países emergentes, un estancamiento notable de sus economías internas.

En el ámbito provincial, también viene a cuento el destino que le cupo a Ramón Mestre en Córdoba, cuando tuvo que repechar una herencia desastrosa que le había dejado el peronismo. Reencauzó con austeridad su provincia, pero los cordobeses no se lo reconocieron en las urnas.

El achicamiento de los recursos provinciales está llegando, y lo sufren, por ahora, más las comunas que la Casa Gris. ¿Será tan notable como para producir una crisis de financiamiento? ¿Esa hipotética crisis será utilizada por la oposición peronista para limar al gobierno socialista y provocarle un desastre en las elecciones de octubre?

No todo es tan lineal. Durante el 2009, Binner y sus ministros inaugurarán una serie importante de obras y de tramos de emprendimientos, muchos de los cuales se iniciaron en la época de Obeid, quien presidió una gestión increíblemente ineficaz para la ejecución, durante una época inédita de bonanza. También se concretarán iniciativas propias.

En segundo lugar, es muy probable que el peronismo cometa el mismo error que lo llevó en Rosario a transformarse en una fuerza minoritaria. Hay toda una serie de “pequeñas iniciativas”, sobre todo en salud y educación, que los socialistas saben manejar muy bien y rinden electoralmente. No alcanzan a formar parte, aisladas, de ningún discurso refundacional, pero tienen su impacto electoral. Reabrir escuelas secundarias, reacondicionar centros de salud, reparar rutas y caminos, afianzan la presencia del Estado y del gobierno.

Las dificultades se le presentan a Binner por montones. Las corporaciones ligadas a la prestación del servicio de Justicia parecen haber descubierto de pronto lo mal que funciona ese poder en la provincia. Llueven los comunicados y los pedidos perentorios.

La administración pública central parece haberse puesto a tono, pero la descentralizada territorialmente es una máquina de generación de problemas. El proyecto de la organización en cinco regiones ayudará a mejorar la visibilidad del gobierno, pero difícilmente se pueda poner en práctica antes del 2010.

Cualquier especulación sobre lo que pueda pasar en octubre, es sólo eso. La capacidad para sortear un problema que había desaparecido de la agenda política, el fantasma de la desocupación, determinará los rumbos. El tiempo político no empezó.