Edición Nº 47

¿El cambio recién empieza?

EDUARDO VAN DER KOOY

Hace un año, Cristina Fernández ingresaba en la antesala de su victoria electoral que la convertiría en Presidenta, enarbolando la promesa de que “el cambio recién empieza”. Después de nueve meses en el poder y de una pérdida formidable de capital político, aquella promesa presidencial podría volver a formularse, tal vez, con tono de interrogante: ¿El cambio recién empieza?

No queda ninguna duda, a esta altura de las circunstancias, que el conflicto con el campo desdobló el tiempo político en nuestro país. El sistema kirchnerista, tal como se lo conoció durante casi cinco años, ha concluido. También concluyó un estilo de ejercer el poder.

Cristina y Néstor Kirchner han dado señales de haber recibido esa notificación. La Presidenta transformó su imagen en un santiamén: hay ahora en la Casa Rosada una dama mucho más afable que aquella mandona y agria que asomó en los primeros tiempos del Gobierno y recrudeció por el pleito con el campo.

Existe además la decisión política de ella misma de retener al Congreso como una pieza clave de la futura gobernabilidad. Todas las decisiones importantes del Poder Ejecutivo, a partir del proyecto de las retenciones móviles, siguen el indefectible camino parlamentario. Está la reestatización de Aerolíneas Argentinas, el debate sobre las jubilaciones y una discusión acerca de los superpoderes que llegará adosada a la ley de Presupuesto. Cristina estaría convencida de que esos superpoderes deberían desaparecer o, al menos, atenuarse mucho.

Kirchner también se hizo cargo de su parte. Está en la paciente tarea de rehacer en el peronismo un liderazgo que quedó dañado. Un liderazgo que para siempre dejó de ser indiscutido. Está seguro de que esa reconstrucción debe partir de los cimientos más firmes: esos cimientos están, sobre todo, en Buenos Aires. Pero le ha dado lugar, de nuevo, a Carlos Reutemann, porque con Santa Fe, Buenos Aires y Entre Ríos, ensayará la recuperación electoral que desea ver plasmada en las legislativas del año que viene. La posibilidad de una armonización con Córdoba asoma lejana: hay de hecho una tregua con el gobernador Juan Schiaretti. Pero Schiaretti representa sólo una tajada del peronismo. Otra la posee José Manuel de la Sota. El “progresismo” de Luis Juez parece alejado definitivamente del proyecto kirchnerista.

La recomposición de esa franja política del centro resulta vital para los planes de Kirchner. Es allí donde su liderazgo más se deterioró, y donde se amontonan los volúmenes electorales decisivos de la nación. El ex presidente está mejor protegido en las provincias del sur y conserva aún cierta ponderación en las del norte.

El interrogante todavía sin develar es si el nuevo estilo de Cristina y el afán de Kirchner por recuperar la vertical plena constituye la primera etapa de un proceso de cambio o sólo una movida táctica para eludir los desafíos importantes. Hay hasta ahora más indicios sobre la primera hipótesis que sobre la segunda.

La situación del gabinete es uno de aquellos fuertes indicios. La salida de Alberto Fernández y el ingreso de Sergio Massa en la jefatura de Gabinete, terminó siendo –amén del ingreso de Carlos Cheppi por Javier de Urquiza en Agricultura— la única novedad polìtica de talla. Y en términos de talla, la de Massa es, a priori, bastante menor que la de Fernández.

Eso podría significar que la Presidenta y el ex presidente permanecerían ahora tan aferrados como antes al ideario polìtico que abrió las primeras puertas de la crisis. Repasemos parte de ese ideario: el campo como adversario político; el rumbo económico con idéntica dirección a la de hoy; la polìtica exterior con una tendencia al aislamiento sólo matizada por los excelentes lazos con Brasil y la Venezuela de Hugo Chávez.

Si aquella apreciación resultara acertada, los Kirchner estarían, en efecto, ejecutando ahora una movida táctica. Porque los desafíos que en buena parte tienen que ver con las demandas sociales, refieren a otras cosas: la necesidad de ajustar la economía, de atender la inflación, de reponer credibilidad en el INDEC y en el sistema estadístico, de reducir la enrevesada y monumental política de subsidios y de regenerar un clima de negocios inyectando, sobre todo, confianza.

Kirchner podría estar persuadido, quizás, de que la movida táctica sería suficiente para llegar con posibilidades hasta los comicios del año que viene. Esa conjetura se apuntalaría en la debilidad que todavía muestra la oposición. Esa conjetura se desliza, sin embargo, sobre un indisimulado riesgo: saber si las inconsistencias económicas y políticas del Gobierno son capaces de aguantar otro largo año.

Después de una pelea, la otra

OSCAR BERTONE

Hermes Binner salió airoso, en su séptimo mes de gobierno, de la primera prueba de autoridad y control, pero tuvo que soportar el nerviosismo propio que precede a las definiciones cruciales. Estaba en juego su capacidad de poner límites.

En medio de una huelga de maestros que amenazaba escalar, y luego de varios días de consultas con sus colaboradores, elaboró una jugada de alta exposición, de esas que no permiten retroceder.

Él mismo anunció por televisión la propuesta del gobierno de aumento de salarios para el sector público. Lo hizo en el horario de los noticieros televisivos del mediodía, flanqueado por los ministros de Economía, de Educación, la vicegobernadora y el jefe de Gabinete. La puesta escenográfica no dejaba margen para una posterior marcha atrás: "El gobierno provincial se ha tomado el tiempo necesario para elaborar esta propuesta, que es responsable y no negociable", advirtió.

El monto era exiguo frente a las exigencias y el espíritu belicoso de los gremialistas, sobre todo los de Rosario, empecinados en una interna indisimulada contra sus jefes provinciales. Las luchas gremiales intestinas, se sabe, suelen trasladarse al ámbito laboral muchas veces en forma feroz, en este caso afectando las clases en las escuelas.

Ofreció un 12% de promedio. Ganó; las medidas de fuerza fueron levantadas. Y aunque dos de los gremios, a nivel provincial, ya habían anticipado las señales que esperaba, no podía disimular los gestos de alivio.

La poca credibilidad sobre las cifras de la inflación, que tiene su origen a más de 400 kilómetros de la capital santafesina, afecta a cualquier funcionario que tiene que discutir sueldos con sus empleados.

"En cuestiones de dinero, la apuesta es por todo o nada", asegura. Cuando se le pregunta con qué parámetros se va a manejar en otras discusiones donde se juegan ajustes de pagos, se recuesta sobre el Instituto Provincial de Estadísticas y Censos.

"Allí está Jorge Moore a quien uno le puede pedir cualquier cosa, menos que toque un índice", afirma. El citado director del IPEC viene de la anterior administración peronista, pero Binner parece confiar seriamente en él.

"Si yo no confío en los datos que me presentan los estadísticos de la provincia, ¿cómo me manejo con los ajustes que tenga que hacer en la obra pública, en los contratos, en la compra de insumos?", se pregunta.

Una observación le cae encima automáticamente: el IPEC estima una inflación en Santa Fe del 17% con una tendencia levemente a la baja en agosto, pero aun siendo más alta que la que publica el INDEC, es mirada con desconfianza.

"En cuestión de números, la apuesta es a todo o nada; tenemos que aprender a confiar en los datos porque si no, no se puede gobernar", cierra el capítulo.



LA BATALLA DE SETIEMBRE

La anunciada reforma tributaria es el nuevo frente de tormenta El intento de ajustar el ridículo tributo que se paga en la provincia en concepto de impuesto inmobiliario rural, ya encontró el primer tropiezo. Desde un acto en Entre Ríos, Eduardo Buzzi advirtió al gobernador de Santa Fe para que no siga el ejemplo de Uribarri: "Ojo cómo terminan los impuestos; les pido a los gobernadores que consulten antes a la gente", manifestó el dirigente, también metido en una interna gremial, pero con Alfredo de Angelis.

No menos rechazo generó en la Federación de Industrias de la Provincia de Santa Fe, presidida por el inefable Carlos Capisano, que disparó munición de calibre: "La reforma nos hará perder la oportunidad histórica de convertirnos en una provincia con un sistema impositivo que, en relación con los otros Estados provinciales, aliente la inversión productiva".

Por ahora la respuesta oficial es genérica. "Necesitamos que los empresarios entiendan esta propuesta, porque no va a dañar las economías de las empresas -hay una situación irregular, ya que una verdulería paga ingresos brutos y una petrolera o una fábrica de autos no, entonces algunas cosas hay que mejorar si queremos que realmente mejore la sociedad- de manera que les pedimos a los empresarios que sean solidarios", son los argumentos que por ahora salen de la boca del gobernador, mientras estudia los pasos a seguir.

Tiene margen. Los efectos de la pretendida reforma tributaria recién se empezarán a sentir el año próximo. Sabe también que tanto Buzzi como Capisano representan sólo a una minoría de quienes dicen representar, pero pueden limar esa aceptación que tiene con la gente y que le permitió zanjar el conflicto con los empleados públicos.

Habrá muchas reuniones con muchos grupos de empresarios. Pero en un momento no muy lejano también habrá una decisión de esas que dejan lugar al retroceso.

El pronóstico es reservado.