Edición Nº 40 - Editorial

La pericia peronista para subsistir

EDUARDO VAN DER KOOY

Entre tanta confusión que aporta la política partidaria de la Argentina, en los últimos tiempos han surgido algunas evidencias que orientarían un futuro: puede ser que un sistema viejo y en crisis esté concluyendo, pero resulta muy difícil imaginar que en el nuevo sistema que consiga despuntar el peronismo, en alguna de sus innumerables versiones, no sea otra vez principal protagonista.
La conclusión tiene que ver con dos cosas. La consagración de Cristina Fernández como Presidenta tuvo como estímulo, sobre todo, el voto peronista. Néstor Kirchner ya aceptó que, un poco antes o un poco después, tomará las riendas del partido al que aspira transformar. Luego de dar vueltas y vueltas desde el 2003, comprendió que únicamente desde el PJ podría perseguir dos metas simultáneas: ensayar la reforma que tantas veces prometió sin afectar el apuntalamiento político que requiere el gobierno de su esposa, Cristina.
Kirchner probó sin suerte en otros laboratorios. El proyecto de la transversalidad nunca terminó de cuajar, y el Frente para la Victoria parece haber quedado circunscripto a una herramienta electoral. Nunca ha podido trascender, en estos años, como una organización política superadora de la que ofrece el peronismo.
La pista que proporciona ahora el peronismo como actor factible del sistema en ciernes escasea, en cambio, en la oposición. Los ojos se fijan en ese espacio sólo sobre dos hombres: Mauricio Macri, atado a la suerte de su gestión porteña, y Hermes Binner,  estrenando recién una administración socialista en Santa Fe. Macri y Binner tienen poco o nada que ver entre si. Las expectativas van decayendo en torno de Elisa Carrió. Ricardo López Murphy ya casi no cuenta.
La oposición tiene todavía, entonces, ausencias de liderazgos reales y de proyectos. El peronismo ha sido siempre, aun en las crisis, más presto y más rápido para acomodarse y reacomodarse sucesivamente en tiempos diferentes. ¿No fue Carlos Menem la respuesta liberal al radicalismo progresista que pretendió encarnar Raúl Alfonsín? ¿ No son Kirchner y Cristina la enmienda progresista a aquel tiempo de supuesto extravío peronista?
El ex presidente Kirchner representa, al menos hoy, también un liderazgo. Un liderazgo atípico a las costumbres peronistas, al cual le falta calidez y carisma pero le sobra autoridad. Tanta, que es probable que no tenga resistencia interna seria para quedarse con el timón partidario. Ni Menem ni los hermanos Rodríguez Saá son una amenaza. Eduardo Duhalde no entraría en ningún juego con ellos. El empresario Francisco de Narváez asoma sólo como un entretenimiento.
La decisión de Kirchner de zambullirse finalmente en el PJ no implicaría la resignación de ciertas pequeñas construcciones realizadas hasta el presente. Una de ellas es la sociedad, precaria, con algunos mandatarios radicales. Otra es el rescate de figuras que, en su tiempo, le dieron consistencia económica a un sistema que era en lo político extremadamente débil. Así se comprende el acercamiento con Roberto Lavagna, cuya fuerza política quedó reducida a escombros después de la caída electoral. El ex ministro de Economía acompañaría a Kirchner en la conducción partidaria y sumaría otra porción de peronismo. Los radicales que estaban con él lo abandonaron apenas pasó el 28 de octubre.
Kirchner tiene por delante urgencias y desafíos. Necesita colocar los primeros ladrillos antes de las legislativas del año que viene. Necesita que en ese lapso, además, el gobierno de Cristina no sufra tropiezos. Los tropiezos de su esposa serán también los suyos. Si su estrella personal perdiera fuerza, su potente liderazgo actual quizás empezaría a mirarse de otro modo en el peronismo.
Superado con éxito ese trance vendría el camino más espinoso: la proclamada transformación. Convertir un partido cuya única identidad es el poder en un partido con propuesta estable y definida. Convertir un partido de caudillos y barones en otro de dirigentes políticos más presentables. Ese parece todavía un horizonte lejano, invisible, que no se vislumbrará si, a la par, no se produce también algún viraje en la cultura política de toda la sociedad.

El Bicentenario, los políticos, los dirigentes, el periodismo 

OSCAR BERTONE

“Por su parte, la presidenta Cristina Fernández dijo que el Circunvalar, junto con el tren de alta velocidad (Buenos Aires-Rosario-Córdoba) y la autopista Rosario-Córdoba, pueden ser definidas como obras del bicentenario ya que se relacionan con su sentido” (del acto oficial por el anuncio de la licitación de tres tramos nuevos del Plan Circunvalar).

Ya hubo tres encuentros públicos entre la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner y el gobernador Hermes Binner. De los tres, la Secretaría de Medios de la Presidencia emitió sendas fotografías que encabezaron la página oficial del día.
Es mucho para cuarenta días; no pueden pasar inadvertidos. En cada una de esas reuniones, se comenzaron a definir asuntos de esos que la prensa suele llamar “temas de Estado”.
En el primer encuentro, Binner apuntó cuál era la estrategia que quería compartir para solucionar el tema de la cadena de valor de los lácteos y de la carne. El sector lácteo encontró a los pocos días un punto de acuerdo que no sólo tuvo en cuenta la fijación de los precios internos. El cárnico, cuando esta revista llegue a sus manos, probablemente haya corrido, afortunadamente, la misma suerte.
Aquella primera audiencia la había solicitado el gobernador; a los otros dos encuentros fue especialmente invitado. En uno, se anunció que terminaba el proceso licitatorio del tren de alta velocidad entre Rosario y Buenos Aires, sepultando las dudas sobre la opinión de uno de los dos gobernadores (el otro es el cordobés, que no se lleva muy bien con un sector del kirchnerismo), que tendrá que defender el proyecto, bombardeado con todo tipo de argumentos por la mayoría de los políticos de la oposición y gran parte de la prensa.
Pasaron sólo diez días para que el flamante mandatario santafesino volviera a sentarse al lado de la Presidenta. Esta vez se anunció el desembolso de fondos destinados a obras de envergadura del Plan Circunvalar, un anhelo impulsado obsesivamente por la Bolsa de Comercio de Rosario y el sector portuario privado, quienes no estuvieron, curiosamente, presentes en el acto. Son unos trescientos millones de pesos, algo así como el 10% del costo total estimado de la obra, pero con un condimento especial: además de ampliarse parte la traza vial del cinturón que bordea Rosario, se trasladarán tramos de vías férreas que comienzan a descomprimir el tránsito de trenes por la zona central de la ciudad.
No son cuestiones pequeñas. Cuando se empiezan a juntar con el inédito plan de obras públicas en marcha, que justo es decir empezó hace dos años, aunque ahora se acelerará, da la impresión que entramos a un período de cambio estructural donde las relaciones políticas empiezan a pesar en serio y en temas muy gruesos.
Si uno analiza los fondos que se están volcando en la provincia en infraestructura de todo tipo: caminos,  acueductos, escuelas, hospitales, autopistas, gasoductos (como lo hacemos en este número de Rosario Express) lo primero que salta a la vista es que suman más que todo lo invertido en las últimas décadas. Definir cuántas es tarea de académicos. Valorar su significación es cuestión de políticos y de dirigentes.    
Probablemente la prédica sobre la necesidad de devolver en obras parte de lo que sale de la región por impuestos a los commodities está dando resultados en los más altos niveles de conducción del país.
Probablemente sólo sea una suma de coincidencias coyunturales, pero en todo caso los escenarios probables merecen que surjan otro tipo de liderazgos locales, sobre todo en el sector empresarial, que estén dispuestos a acompañar, pero sobre todo a aprovechar las oportunidades con su participación de riesgo, activa, con una visión un poco menos crispada con otras dirigencias y más abierta hacia los sectores sociales que intentan entrar al reparto.
Si alguna vez se perdieron oportunidades, si alguna vez la mirada estuvo puesta en la oportunidad de vender empresas líderes de sectores cruciales para el desarrollo, como frigoríficos, acerías, alimenticias, energéticas o de medios de comunicación, hoy es momento de reinventarlas.
Cada nueva empresa local que se refuerce, reforzará la identidad regional. Hay lugar para todos en la reestructuración del tejido social roto. El mundo global da oportunidades, pero las mejores están ahora a poca distancia. 

Oscar Bertone