Un momento clave del tiempo electoral
EDUARDO VAN DER KOOY
El mes de junio puede darle un sesgo definitivo a la campaña. En dos rondas, los domingos 3 y 24, los porteños elegirán a su nuevo jefe de Gobierno. El resultado de esa votación producirá dos efectos políticos inmediatos: se definirá si Néstor Kirchner o Cristina Fernández serán los candidatos del poder, aunque hoy la mujer lleva con claridad la delantera; podrá tenerse a la vez una verdadera dimensión de la identidad y la fortaleza opositora para enfrentar la batalla presidencial de octubre.
¿Por qué tantos focos apuntando a la Capital? Al margen de tratarse del segundo distrito electoral en importancia, convergen en esa geografía dos fenómenos que no se advierten en otras provincias del país: Kirchner perdió allí las dos votaciones directas que tuvo antes y durante su mandato (la presidencial del 2003 y las legislativas del 2005). Le cupo la satisfacción política de ayudar a imponer la reelección de Aníbal Ibarra, aunque esa aventura terminó muy mal y antes de tiempo por la tragedia de Cromañón, la discoteca incendiada donde murieron 196 jóvenes.
Ocurre con la Capital además lo que, por ejemplo, no ocurre con Santa Fe. Al Gobierno le calzaría mejor una victoria peronista. Pero la posibilidad de un triunfo del socialismo tampoco sería un drama ni impactaría en el armado electoral nacional.
Conviene detenerse primero en la oposición. Una victoria en Capital de Mauricio Macri o de Jorge Telerman, aliado con Elisa Carrió, templaría los ánimos políticos para confrontar más adelante con el matrimonio Kirchner. El calendario electoral no le brinda a la oposición otra oportunidad que esa. En Capital podrían obtener un provecho político que de ningún modo obtendrían en Santa Fe y Córdoba, más allá de los resultados, cuando se vote el primer domingo de septiembre.
La supuesta victoria instalaría a Macri como la referencia opositora al matrimonio Kirchner.
Pero existen dudas de que aquella supuesta victoria modifique para octubre el teatro electoral de la oposición. ¿Macri apoyaría a Roberto Lavagna? ¿O dejará correr, nomás, la postulación de Ricardo López Murphy? El ex ministro de la Alianza es una cuña molesta en la relación entre el ingeniero y el economista de Eduardo Duhalde y de Kirchner. ¿Macri acentuará su posición opositora para octubre o pensará en la convivencia política obligada que deberá tener con el matrimonio Kirchner si se queda con el timón de la Capital?
Las incertidumbres parecerían menores en caso de un éxito de Telerman. Al margen de si mantendrá o no su pacto con Carrió, resulta indudable que la líder del ARI vería potenciada su candidatura de octubre y el carácter de una coalición cívica que alumbró con bastante debilidad.
En esa hipótesis habría que seguir de cerca el comportamiento de López Murphy. Su acercamiento a Carrió en una fórmula conjunta se tornaría factible. Entre ambos encarnarían una opción nítidamente antikirchnerista que hasta ahora no logra representar ninguno de los candidatos de la grilla. Esa posibilidad menguaría las chances de Lavagna y de sus socios radicales.
¿El acuerdo de Carrió con López Murphy podría hacer virar el rumbo electoral del Gobierno? No puede haber una respuesta tajante cuando la materia prima es la política y cuando media aún el veredicto de las urnas. Pero todo indicaría que, pese a eso, la candidatura de Cristina continuará.
Sus pasos públicos son, en ese sentido, calculados y elocuentes. Aparece en actos políticos importantes al lado de Kirchner. Estuvo en Ecuador y Venezuela. Pero también en Francia y México ha comenzado a rehacer relaciones dañadas durante la gestión de su marido. Tampoco se puede ignorar los pasos que va dando con Washington.
Días pasados, el Presidente le cedió la fotografía pública en una audiencia con el embajador norteamericano, Earl Wayne. Su participación en la cumbre de la comunidad judía, en Washington, no fue un dato protocolar de agenda: allí dialogó con los sectores más conservadores, más ligados a los poderes económicos que tienen una enorme influencia en el Congreso de aquel país.
¿Todo eso para qué? ¿Para un simple lucimiento personal? De ninguna manera: Cristina enfila hacia la candidatura presidencial que se anunciará en julio, después de concluida la elección porteña.
¿Podría haber una marcha atrás? Podría haberla. Pero por algún imprevisto político o económico hoy impensado que cambiara drásticamente la realidad. Nunca por los actuales enjuagues electorales.
Si eso llegara a suceder, Kirchner llegaría debilitado a octubre y se debilitaría aún más en los primeros tramos de un segundo turno sin revancha. Es el precio que pagaría por la instalación política tan firme como prematura de Cristina.
Socialistas: es mejor que gane Macri
OSCAR BERTONE
Influirá el rebote del resultado de las elecciones en Capital Federal sobre las de la provincia de Santa Fe? Probablemente no haya una respuesta cierta, y probablemente, a medida que se acerquen los comicios de Capital Federal, los precandidatos santafesinos empiecen a mirar el panorama con más detenimiento.
Si Jorge Telerman renueva su mandato por esos caprichos propios del electorado porteño, lo haría con un decidido apoyo de Elisa Carrió. A su vez, el ARI se rindió, por ahora sin condiciones, ante Hermes Binner, a quien le había retaceado su apoyo hace 4 años en la anterior elección a gobernador. Ese abandono de última hora, junto a los avatares de la ley de lemas, ayudó indirectamente a la victoria del hoy gobernador Jorge Obeid.
Hasta ahora no hay indicios de que al presidente Néstor Kirchner le incomode demasiado una victoria socialista en Santa Fe. Pero otra cosa sería permitir, antes de las elecciones nacionales, que la opinión pública perciba la influencia de Lilita como determinante de sendos triunfos en dos distritos tan importantes.
Es que la actitud de Hermes Binner, que basa su discurso en que “el gobierno tiene cosas buenas que hay que preservar y malas que hay que cambiar”, no es el mismo que el de la ex dirigente radical, cargado de descalificaciones hacia el Presidente y sus ministros, y de pronósticos de estallidos apocalípticos. Pero el partido del ex intendente rosarino ya tiene prácticamente definido su apoyo a la fundadora del ARI.
Quienes más cerca están de Binner tratan de advertir al jefe socialista Rubén Giustiniani que su candidato en la provincia y Néstor Kirchner comparten un nicho de votos muy importante, por lo que no conviene irritar a un líder que hasta ahora se mantuvo prescindente de lo que pasa en Santa Fe.
El escenario de la dupla Telerman – Carrió triunfante en Capital Federal, más la militancia activa del socialismo detrás del ARI a nivel nacional, no parece ser una buena combinación para que el fundador del Frente para la Victoria se mantenga fuera de la pulseada santafesina.
Un triunfo de Mauricio Macri sería lo más tranquilizador, paradójicamente para todos. Pero una victoria de Daniel Filmus demostraría sobre todo que Néstor Kirchner es capaz de trasladar parte de su arsenal electoral hacia sus representantes más directos en las provincias.
Y como es muy difícil entender la mecánica de pensamiento del Presidente, la hipótesis de retomar el estilo fogoso que hoy parece haber abandonado podría volver a sacudir los atriles.
Los candidatos del Frente para la Victoria, con un escenario de internas abiertas, están por ahora sólo concentrados en quedarse con la representación de su sector. Rafael Bielsa y Agustín Rossi son los únicos que pueden aspirar a arrebatar a Binner un sillón que el socialista ve cada vez más cercano.
El que más arriesgó, aferrando su futuro político a la suerte que corra en su propio territorio, es Rossi, que pone en juego mucho, ya que la presidencia del bloque de los diputados nacionales quedaría en situación de extrema precariedad frente a los legisladores bonaerenses, seguros protagonistas de un triunfo homérico en su distrito.
Bielsa, con las manos más libres, espera que el apoyo del aparato provincial que conduce Jorge Obeid le alcance para transformarse en el candidato para conjurar el crecimiento de un polo opositor nacional “por izquierda”, abriendo así las puertas del apoyo de la Casa Rosada, que por ahora se le muestra un tanto reticente.
Esos supuestos, y la posibilidad de que sea Cristina Fernández de Kirchner quien se haga cargo de la sucesión, ponen condimentos distintos a un proceso electoral que parece no presentar sobresaltos para que cambie de manos el destino de Santa Fe.
El socialismo no genera la misma relación de respeto y consideración en Cristina que en Néstor. Y eso ya no es una especulación.