Una mirada distinta
POSCAR BERTONE
Si usted llegó a este último tramo de la revista habrá ojeado gran parte de su contenido, salvo que sea de los que leen las cosas desde atrás hacia delante.
En todo caso habremos cumplido nuestra tarea periodística si advierte que a lo largo de esta publicación hay una mirada de la ciudad que implica un reclamo, una interpelación a sus habitantes. El año que terminó sirvió para posicionar a la ciudad de una manera distinta, activa, creciendo, y con unas inocultables ganas de hacer. Ahora tenemos que crecer, pero hacia adentro.
La mala costumbre de no querer hacernos cargo del deber cívico de participar, comprometernos, opinar y empujar a nuestros mejores representantes al manejo de la cosa pública se nos vuelve en contra. El cultivo del "bajo perfil", adecuado para muchas actividades donde la exposición pública termina trayendo más problemas que soluciones, oculta en otros casos la comodidad de guardarnos la opción de criticar desde afuera.
La ciudad debe conseguir su autonomía, y ese es el punto. Si queremos integrar a todos, si queremos recuperar a miles y miles de vecinos que no pueden participar de este resurgir de la región, tenemos necesariamente que manejar más recursos, poder e instituciones, para planificar el futuro en forma autónoma, en base a esos valores que hacen eje en la solidaridad y que nos vienen dando buenos resultados.
Deberemos hacernos cargo, más temprano que tarde, de temas en los que sólo tenemos influencia tangencial. Si repasamos las investigaciones periodísticas de Rosario Express sobre construcción de viviendas, seguridad, educación, infraestructura, presupuesto, o cualquier otra cuestión estratégica, veremos cómo se ha levantado un cerco alrededor de la ciudad, que la quiere confinar a jugar el papel de proveedora de recursos de los cuales no puede disponer.
Es vergonzoso que para construir un edificio en altura, una escuela nueva, abrir un centro de distribución mayorista, o un plan de viviendas populares, debamos pasar por el filtro de intereses políticos extraños a la manera de ser y a la voluntad que se manifiesta en las urnas cada vez que se vota en Rosario. Y no se trata simplemente de las dificultades que genera la elefantiásica burocracia santafesina. Son intereses políticos los que nos aplastan y se los debe enfrentar desde la política, nos guste o no.
Un día de agosto desembarcó el presidente de la Nación por estas tierras y lanzó la promesa: "Vengo a anunciar un plan de viviendas, y 5.000 serán para Rosario en este período". No hace falta mucho discernimiento para entender qué significa una inversión de ese tamaño para la ciudad, en ocupación de trabajadores, en infraestructura, en acceso a un derecho constitucional para muchas familias.
Y la promesa no se hará efectiva mientras sigamos con el esquema de licitaciones manejado desde Santa Fe, a voluntad y arbitrio de gente que no cederá jamás el manejo del poder que genera una suma de dinero tan importante. Rosario tiene que tener la posibilidad de equivocarse por sí misma. Despreciar los recursos de que dispone los estados nacional y provincial, bajo el argumento que los empleados públicos no tienen peso en Rosario, o por alguna cuestión ideológica vinculada a la religión de la libre empresa que ha hecho grande a la región, es, además de una tontería, una pérdida de oportunidades.
A la autoestima y el orgullo de pertenencia a una ciudad, recientemente recuperados, tenemos que agregarle la voluntad práctica de conseguir que nos respeten. No basta con anunciar que el "modelo rosarino" debería ser aplicado en la provincia. Hay que dar los pasos para que ello ocurra, con el dirigente y el grupo político que sea. Y la primera voluntad que debemos ganar es la de los vecinos más próximos, los que se identifican y hasta se siente parte de esta región.
Perdimos un año precioso entrampados en una discusión para derogar un régimen electoral que estaba muerto. Nos entretuvimos, gastamos enorme energía en dar un pasito. Vayamos por más. Nos lo van a agradecer sobre aquellos que viven adentro, pero miran todavía desde afuera este resurgir de una mirada distinta. Buen año para todos.
El desafío que enfrenta Rosario
EDUARDO VAN DER KOOY
Despertar la atracción de la gente cuando se dispone de aguas cristalinas, de arenas aristocráticas, de cadenas montañosas, de hielos eternos o de paisajes exhuberantes y, en casos, hasta con reminiscencias lunares, es una tarea relativamente sencilla. El desafío verdadero es otro: cómo convertir una gran urbe, que no representa el ombligo del país, en un foco de interés para propios y extraños.
Rosario no ha sido despojada por la naturaleza. Por el contrario, su litoral se ha transformado con los años y el progreso en una belleza envidiable y con escasos parangones. Pero esa bendición le resulta todavía insuficiente para ingresar en la competencia turística.
El año pasado, en ese sentido, pareció encenderse una luz. La ciudad tuvo un apogeo por diferentes acontecimientos de la cultura –sobre todo el Congreso de la Lengua–, la economía y el deporte que le empezaron a otorgar identidad, un perfil, quizás una marca. Más de 10 mil turistas –y millones de curiosos lectores– la redescubrieron a raíz de aquellos eventos.
Rosario no tiene tuteo con el turismo porque, entre un abanico de motivos, nunca lo necesitó, no lo fomentó y prefirió vivir algo encapsulada. Pero los tiempos y la Veamos datos globales: el turismo representa en la Argentina el 7.3% del PBI; durante el 2003 y 2004 produjo la creación de más de un millón y medio de puestos de trabajo; el sector dio tantas divisas como las exportaciones de trigo y de maíz. ¿Por qué razón no sacar también para la ciudad alguna tajada de esos resultados?
No habría que caer en el error de suponer que la condición de país barato abastecerá a esta tierra de turistas y que Rosario será beneficiaria del goteo. A las condiciones hay que crearlas y buscarlas.
La horrible tragedia que acaba de ocurrir en Asia ha tenido otra consecuencia no deseada: los promotores turísticos, que saben que aquella zona será por mucho tiempo irrescatable, comenzaron a indagar a través de la Secretaría de Turismo sobre las posibilidades argentinas. No tanto ligadas al ocio como a congresos y seminarios que estaban previstos para el 2005 y el 2006 en las zonas del desastre.
Rosario dio el año último un salto de calidad y demostró con la participación de toda su gente que, con la cultura como eje, puede abrirse al país y al mundo como –respetando las escalas– lo hace Buenos Aires.