Edición Nº 24- Editorial

La delicada tarea de revisar el pasado
EDUARDO VAN DER KOOY 

La Argentina de Néstor Kirchner no es la de los años setenta. Aquel tiempo prometió cambios monumentales que nunca se dieron y replanteos éticos y morales que derivaron en degradación y tragedia. Ahora se aspira, en una combinación de modestia y sabiduría, a consolidar un modelo económico productivo, a bajar el desempleo, a mejorar la distribución del ingreso como camino para recomponer un tejido social descompuesto luego de la gran crisis. Sin esa reparación se hará difícil, hasta quizás imposible, dar el salto que permita corregir la pobre calidad política e institucional de la Nación.
La Argentina de Néstor Kirchner no es la de los años setenta pero, paradójicamente, sigue subyaciendo hoy la discusión de aquel tiempo. No existe ninguna repetición literal de personajes y de hechos, pero se insiste con una valoración maniquea, en especial desde el poder, sobre muchos de los protagonistas de aquella época. Se habla de pasión y de nobleza en algunos casos y se mencionan sólo los demonios y las miserias en otros. Se omiten responsabilidades y se vacía de sentido colectivo la experiencia setentista que nadie querría repetir.
Buena parte de esa lógica deviene de la palabra presidencial. Kirchner concibió la construcción de su poder sobre la base del axioma amigo-enemigo. Esa antinomia no sólo tiene algún viejo resabio militarista sino que identifica además una época donde la política estuvo asociada siempre con el drama y la tragedia. Se trata de una concepción inédita desde la reconquista de la democracia, hace 23 años.
La actual etapa democrática puede ser cuestionada desde variados ángulos (sobre todo políticos e institucionales) pero uno de sus méritos es haber hecho prevalecer ciertas convicciones por encima de supuestas conveniencias. Una de ellas es la política de derechos humanos de Kirchner y la reapertura de los juicios por violaciones a los derechos humanos que causan debates y revulsión.
El problema no está en ese curso político sino en las circunstancias que lo rodean. Una de ellas refiere al episodio del albañil Jorge Julio López, un testigo clave en la condena al ex represor Miguel Etchecolatz. Su desaparición no sólo conmovió, sino que desató una marea de acusaciones y reproches sobre el pasado.
Las cosas escuchadas fueron siempre verdades a medias. Kirchner cargó contra la Iglesia por su actuación durante la dictadura. La Iglesia, como institución, tuvo entonces un papel poco decoroso, pero hubo obispos que trabajaron con denuedo en la defensa de los derechos humanos y que incluso salvaron muchas vidas.
El obispo de Posadas, Juan Rubén Martínez, enceguecido por la lucha política contra el gobernador de Misiones Carlos Rovira, acusó al Presidente de carecer de autoridad moral para liderar este período de justicia sobre el pasado. Aludió a que Kirchner nunca fue un militante de las organizaciones de derechos humanos y a que en los años duros se refugió en su familia y en su patrimonio personal.
Podría marcársele al Presidente el defecto notorio de pretender apropiarse de una revisión del pasado que, a su modo, también correspondió a Raúl Alfonsín. Aunque debería ser computado a su favor, como también a favor de Alfonsín, que pese a no existir un compromiso a fuego previo con la causa hayan redoblado la apuesta una vez que se aposentaron en el poder.
Ese mérito, sin embargo, debería inducir a la moderación antes que a cualquier desborde. El Presidente suele incurrir en el vicio extendido de hacer afirmaciones terminantes y descalificadoras sin otro aval que la intuición. Nunca termina de medir el valor y el impacto de su palabra. No se podría negar que después de varias de ellas y de la repercusión del caso López la Nación se vio envuelta en un clima muy enrarecido, cruzada por amenazas y anónimos.
La proclividad a buscar culpables donde a lo mejor no los hay fogonea ese fenómeno. Y activa pésimas imitaciones, como la de Hebe de Bonafini, que no vaciló en colocar a la última víctima (el albañil López) en el sitial de sospechoso.
Está visto entonces que la necesaria revisión del pasado, si no se ejecuta con prudencia, podría aparecer como visita inoportuna del presente.

Una línea editorial independiente
OSCAR BERTONE

El anuncio del ministro Walter Agosto vino a darle la razón a la línea editorial que, casi en soledad, Rosario Express sostuvo en sus últimos números, respecto del manejo de la coparticipación a municipios y comunas de la provincia.
Textual: “Con relación al financiamiento a municipios y comunas…se prevé el incremento de la masa coparticipable correspondiente a los recursos del régimen federal llevándola al 100%, superando de este modo el porcentaje coparticipable actual y por ende el existente antes de la puesta en vigencia del Decreto Nro. 3113/02”, explicó el ministro en conferencia de prensa.
Rosario Express defendió en sus números anteriores un trabajo realizado por la Fundación Apertura, donde se intentaba demostrar que la provincia, en momentos de claro desahogo económico, manejaba discrecionalmente fondos que por ley pertenecían a las administraciones comunales.
Más allá de que los decretos reglamentarios dirán cuánto dinero está involucrado en esta decisión del gobierno provincial (se estima provisoriamente que, por ejemplo, Rosario recibiría como mínimo 15 millones más de coparticipación anual), hay que evaluar la significación política de la medida.
El gobierno santafesino reconoció que efectivamente los estudios que fueron apoyados por el Foro Regional Rosario y otros miembros de la Red de Entidades de Políticas Públicas, estaban bien encaminados. Queda en el balance que tendrán que hacer sobre la coyuntura, la postura de las instituciones rosarinas que se negaron a apoyar un justo reclamo.
Algún adelanto del cambio de actitud de la provincia hacia nuestra ciudad se pudo atisbar cuando el gobernador Obeid, después de un fuerte intercambio de opiniones a través de los medios, le comunicó al intendente Lifschitz que no se descontaría de su coparticipación fondos para sostener el sistema de enseñanza que derivará de la ley de educación a punto de dar a luz en el Congreso Nacional.
Hay claroscuros en la decisión de presentar un presupuesto para el año 2007 sustancialmente distinto. A favor de la gestión provincial vale reconocer que por primera vez el proyectado de los recursos para el año entrante, más de 8.000 millones, termina con la engañosa costumbre de subestimar los ingresos para después manejar discrecionalmente el superávit técnico que se produce.
La explicitación de los números para el 2007 en algunos medios importantes se centró en que “no se van a aumentar los impuestos”, lo que es una aseveración relativa (ver nota en página 46). Pero se evita un análisis más detallado de la política de incorporación de personal, cuando se habla del ingreso a planta permanente de 2.300 agentes “muchos de los cuales ya están cobrando como contratados”, lo que significaría, según el gobierno “un crecimiento de tipo vegetativo”.
Otra vez los estudios privados contradicen esa afirmación. Si las cosas siguen así, la provincia llegaría a fin del periodo de Obeid con una planta de 120.000 empleados, muchos de los cuales serán incorporados sin capacitación previa alguna, y por supuesto sin concurso, en lugares críticos como la atención del menor en riesgo, o los servicios del sistema educativo. Las mismas proyecciones hablan de un incremento de planta de 15.000 personas.
Rosario Express cumple dos años de aparición ininterrumpida. No escapará al lector las dificultades que se presentan cuando un medio gráfico insiste en mantener una línea editorial independiente.
Así como tampoco la satisfacción de saber que está siempre bien informado sobre temas tan cruciales como el del presupuesto. Permítasenos entonces felicitarlo por tener en sus manos esta revista. Y, por supuesto, agradecerle.