Edición Nº 14- Editorial


Kirchner y las nuevas claves para Santa Fe
EDUARDO VAN DER KOOY 

El escenario postelectoral comenzó a modelarse. Y está claro, según la voluntad de Néstor Kirchner, que los actores políticos de Rosario y Santa Fe –en ese orden– estarán en primera línea.
La entronización de Agustín Rossi como jefe del bloque de diputados así parece demostrarlo. Será, sin dudas, el mediador entre el Presidente y un cuerpo heterogéneo y difícil de conducir. Hará falta mucha ductilidad pero, sobre todo, contar con la confianza del Poder Ejecutivo.
¿Cómo la ha conseguido Rossi en poco tiempo? Vale recorrer la memoria antes de ensayar cualquier respuesta: el ingeniero de 46 años era, hasta mitad de año, un concejal de bajo conocimiento popular y nula proyección política en la nación. Esas condiciones se han dado vuelta como una taba.
Al vertiginoso ascenso de Rossi habría que explicarlo desde dos planos. El personal: el ahora jefe de los diputados oficiales trabó una relación rápida y estrecha con Kirchner. ¿Por qué? El Presidente le reconoció coraje para colocarse al frente de una tropa política desacreditada que nunca tuvo posibilidades de pelearle la elección al socialismo. Rossi no especuló y aceptó el desafío.
Lo contrario sucedió con María Eugenia Bielsa. No importan las razones por las cuáles declinó el ofrecimiento del Gobierno central: siempre sonaron respetables. Mas allá de los enojos iniciales el Presidente sabe algo: la vicegobernadora, si lo ambiciona, podrá sumarse a la corriente renovadora que Kirchner pretende instaurar en Santa Fe.
Hay en el camino político de Rossi un vínculo predestinado con los Bielsa. Se dijo: María Eugenia puede ser a futuro su socorro provincial; un horizonte cercano diferente al de la Cámara de Diputados hizo que Rafael, el canciller, no figurara en la nómina de candidatos para presidir el bloque.
En el terreno político el mensaje presidencial parece claro. Podría ingresar en eclipse, aunque no inmediato, la influencia en el PJ de Santa Fe de aquellos dirigentes que, bien o mal, ya escribieron un tramo de la historia.
Hay en ese aspecto dos nombres insoslayables. El de Jorge Obeid y el de Carlos Reutemann. Kirchner manifiesta un respeto histórico por el actual gobernador. Pero está convencido que después de los dos años que le restan de poder su ciclo estará cumplido. En el retiro, habría que rendirle a Obeid un homenaje: su convicción ayudó a sepultar la Ley de Lemas y otorgó  transparencia al sistema político provincial.
Lo de Reutemann es un enigma. Como la ha sido, en general, su trayectoria política. El ex gobernador tuvo hasta el comienzo de la campaña electoral una buena relación con el Presidente. Pero a Kirchner le molestó su falta notoria de compromiso político con Rossi.
La respuesta fue el espaldarazo reciente al diputado electo. ¿Sabrá Reutemann digerir ese desplazamiento? ¿Compartirá las ideas presidenciales de remozar un peronismo santafesino avejentado?
Nadie podría dar ahora mismo respuesta a esos interrogantes. Pero lo cierto es que la figura del senador es motivo de conjeturas adentro y afuera del Gobierno. Esas conjeturas tienen que ver con la construcción de una alternativa opositora de centro derecha para el 2007.
Mauricio Macri, salvo un imponderable, enfilaría su proyecto hacia la jefatura de la Ciudad de Buenos Aires. La ruta para una hipotética postulación presidencial quedaría entonces expedita para el gobernador de Neuquén, Jorge Sobisch, quien ya hizo un apronte en Rosario.
¿Tendría Sobisch chances reales en una puja contra Kirchner o contra su delfín? Esa es la duda que invade a los políticos de la centro derecha. ¿No resultaría más atractiva, en ese mismo espacio, la candidatura de Reutemann?, preguntan con insistencia.
La palabra para develar ese misterio la tiene el senador.

Inevitable enfrentamiento entre Rosario y la administración central
OSCAR BERTONE

El 2006 será un año de enfrentamientos político institucionales muy fuertes en la provincia. Rosario saldrá a pedir lo suyo y se tensarán las relaciones al máximo. Si nuestra ciudad gana, saldrán beneficiados todos los municipios. El conflicto será duro y no tiene  retorno con este escenario pos electoral, estas ideas y estos actores.
La injusta distribución de los recursos se ha acentuado a un nivel tan desproporcionado que desborda toda lógica. Cuando se analiza el gasto público por regiones se llega a un axioma desopilante: en los departamentos donde hay más inversión privada, se vuelca cada vez menos inversión pública en infraestructura y servicios. Sirven como ejemplo San Lorenzo, Villa Constitución y Rosario.
El perverso proceso se está acentuando. Impuestos como el que grava la patente automotor y el inmobiliario tienen valores congelados y son, curiosamente, los que más le sirven a los municipios y comunas para recaudar.
Por el contrario, la recaudación por los gravámenes a los actos jurídicos, los ingresos brutos y la ley 5110, más los aportes del estado nacional a la caja de jubilaciones provincial y la misma coparticipación federal suben fuertemente, pero no se distribuyen en el territorio.
El resultado es que, a pesar del conocido superávit fiscal, las comunas y municipios se empobrecen, salvo que la caprichosa y discrecional voluntad política del gobierno central disponga lo contrario.
Pocos saben que existe (como letra muerta) desde el primer gobierno de Jorge Obeid y como propuesta del ministro Hugo Garnero, una disposición que obliga a imputar los gastos e inversiones del Estado provincial por destino geográfico. Una buena manera de saber dónde se gasta el dinero público. La vuelta del reutemismo al gobierno liquidó esta disposición que formaba parte del plan de modernización del Estado financiada por el Banco Mundial.
En la actualidad el ardid es manejar cuantiosos fondos a través de una ley complementaria  cuya imputación final se rinde mucho después de ejecutados y sólo aparecen como rendición posterior en la cuenta de inversión.
La Municipalidad de Rosario reclama un faltante de 15 millones anuales, quiere recurrir a la Justicia y apela políticamente a todos los legisladores provinciales para dar vuelta esta situación. Y no se trata de un enfrentamiento sólo político. Está en juego la supervivencia de la ciudad y por eso cuenta con el apoyo cerrado de todas las entidades empresariales y la mayoría de los medios.
El gobierno central de Santa Fe se queda también con los excedentes de la coparticipación federal nacional que recibe automáticamente la provincia desde el último pacto fiscal, que son ingresos aumentados por la mejor performance económica general.
El último resultado electoral ha reforzado la relación entre Rosario e importantes referentes regionales en varios departamentos. La explicación paciente a todos los intendentes sobre la injusticia de este reparto es necesaria para que las argucias de la burocracia santafesina, que consiguió hacer pasar la ley de presupuesto por el Senado provincial, no logren su objetivo.
De la mano de legisladores como Juan Carlos Mercier, nuestra ciudad siempre fue puesta en el papel de culpable y absorbente de los recursos públicos. Así, mientras se repartían con obscuros procedimientos los fondos para las inundaciones hacia comunas lejanas de los ríos para ganar voluntades electorales, se responsabilizaba a Rosario por quedarse con la parte del león.
La injusticia distributiva está ahora perjudicando al propio municipio de la ciudad de Santa Fe. Paradoja: ¿será Rosario la que con sus reclamos consiga por transitividad más fondos para la capital?